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Friday, August 10, 2007

Despertar en la Rua das Janelas Verdes (o comienzo azul)



Todo empieza con una sonrisa
y un rayo de sol furtivo
entre persianas verdes.

Imagina un despertar en la Rua das Janelas Verdes.
El humo del primer café,
calles que corren hacia el Tajo,
las gaviotas dibujando el amanecer...
Todo será azul si abres las ventanas.

Sólo imagina un poco y sonríe.
Así.

Todo puede empezar con una sonrisa
y un rayo de sol furtivo
entre persianas verdes.

Wednesday, August 08, 2007

Tormenta


Oyó el trueno, amenazador. No le gustó nada. Odiaba el agua. Odiaba sentir su pelo normalmente sedoso, normalmente lustroso, mojado y pegado a su cuerpo. La humedad no iba con él. Se apresuró, corrió, no sabía hacia donde. Por fin vio un refugio. El coche acababa de aparcar. Dio un salto y se metió debajo. El agua ya caía a chorros.
Del motor emanaba un calorcito agradable. Se estiró, se relamió todo el cuerpo y se durmió calentito. Se durmió feliz.

Tuesday, April 17, 2007

Esas esperas inquietantes

Paredes blancas
sillas azules
batas blancas
silencio
un reloj
angustia
se abre la puerta
bata blanca
puede irse
todo es correcto
suspiro
silencio
brisa fresca
cielo azul

Sunday, April 08, 2007

Hotel Florida -Tibidabo-



Cumpleaños de una antigua amiga de la facultad: 30 invitados a cenar en el Hotel Florida-Tibidabo-

Entrechocar de copas con diversos líquidos ambarinos, besos que apenas rozan las mejillas, perfumes caros que se mezclan con el olor a bosque, cháchara inconsistente ; ¿Qué tal? ¿Cómo estás? ¿Qué es de tus hijos, de tus padres...? Preguntas y mas preguntas lanzadas para quedar bien, sin tener el más mínimo interés en las respuestas y, de repente, una mirada hacia la puerta y allí está él. El chico al que hace ¿20?, no, 21 años que no veías. Sólo que ya no es un chico. Su calva y una incipiente barriga así lo demuestran.
Claro que tú tampoco eres ya una chica. Sonríes, te acercas, saludas, preguntas...
Pero esta vez sí te interesan las respuestas.
A lo lejos suena una música tranquila. La noche es fresca y Barcelona está a tus pies.

Sunday, April 01, 2007

EL CAFÉ ESTÁ FRÍO (microcuento)

Es muy muy micro. Y muy muy malo, también. Tal vez después de colgarlo lo borre...

*

Entonces me lo dijo.

Y ahí se paró mi vida. Se detuvo. Supongo que los relojes siguieron avanzando, que los días siguieron pasando, que el mundo siguió girando. Pero dentro de mí sólo quedó un silencio espeso y pegajoso. Un sabor a vacío.

Le miré. Y lo único que salió de su boca fue:

- El café está frío.

Monday, March 12, 2007

Halcones de la noche



Aquel verano trabajé de camarero. Nos habíamos instalado en la ciudad unos meses antes y apenas conocíamos a nadie. En el bar de Monty me ofrecieron el turno de noche y acepté. Tampoco había mucho donde elegir.

Recuerdo pocas cosas de aquel verano (o tal vez no). Lo que no se me olvidará nunca fue el calor. La gente no hablaba de otra cosa, que si qué calor hace, que si cuándo refrescará, que si con esta temperatura es imposible dormir…
Todavía me parece sentir la camisa enganchada al cuerpo y la piel permanentemente sudada.

Cuando pienso en el bar de Monty, recuerdo inmediatamente a algunos clientes. Los halcones de la noche, los llamaba yo cuando al día siguiente le explicaba a Julia cómo me había ido.
Cierro los ojos y me parece verlos. Noche tras noche. Un día y otro día. Copa tras copa.
Raramente hablaban. Sólo lo imprescindible.

Los más asiduos, de entre los halcones de la noche, eran “mister gris” y el “matrimonio silencioso”.
Mister gris (traje gris, sombrero gris, corbata gris) se sentaba siempre de espaldas a la barra, siempre en la misma mesa, siempre a la misma hora, siempre la misma bebida. Jamás conseguí sacarle más de dos palabras.
El matrimonio silencioso era eso: un matrimonio silencioso. Aunque aún no eran viejos, probablemente hacía ya años que se habían dicho todo lo que se tenían que decir.
El parecía tener dinero y ella hubiera podido ser guapa de haber sonreído un poquito más.

Sí, de aquel verano recuerdo, sobre todo, dos cosas: el calor insufrible y la felicidad que me invadía a ráfagas, cuando menos lo esperaba, al observar a los halcones de la noche. Los miraba y me acordaba de Julia y su sonrisa permanente y de las gemelas. Aquel verano debían de tener unos 7 meses. Todavía me parece verlas con sus pijamas rosas, de gatitos, en el cuartito pintado de azul, junto a la cocina. Recuerdo que lo primero que hacía, al llegar a casa, era ir a verlas dormir. Me pasaba, allí, un ratito, en la semipenumbra, observándolas, escuchando su respiración, sintiéndome protector.

Sí, definitivamente aquel verano fui feliz.